Calor extremo
El calor extremo —esto es, temperaturas elevadas u otras condiciones ambientales desfavorables— amenaza la salud de las personas, los ecosistemas, las infraestructuras y los medios de subsistencia. Suele manifestarse en forma de ola de calor intensa o como un calor y una humedad persistentes que afectan al organismo, y es un de los peligros meteorológicos y climáticos más mortíferos del planeta.
Vista general
Los riesgos que entraña el calor extremo varían en función del clima local, las condiciones ambientales y la vulnerabilidad de las poblaciones expuestas. Por consiguiente, el calor extremo puede definirse y medirse de distintas maneras, y no existe una única métrica ni un único indicador que capte por sí solo todas sus dimensiones.
Las olas de calor son una manifestación del calor extremo. Lo que se considera una ola de calor depende de las condiciones climáticas locales y del grado de adaptación de las personas, las infraestructuras y los ecosistemas a dichas condiciones. Por ejemplo, en 2025 se registraron temperaturas superiores a 30 °C en algunas zonas de la región subártica de Noruega, Suecia y Finlandia, lo que contribuyó a la peor ola de calor de la que se tiene constancia en esa región, mientras que en ciudades tropicales como Kuala Lumpur (Malasia) son habituales durante todo el año temperaturas diarias de entre 31 °C y 33 °C. Por este motivo, las olas de calor suelen definirse en función de umbrales locales y no de un único valor de temperatura válido a escala mundial.
Una ola de calor no es simplemente una sucesión de días calurosos. Una de las características definitorias de este fenómeno es la acumulación de exceso de calor a lo largo de una sucesión de días y noches. En condiciones normales, el descenso de las temperaturas durante la noche permite que las personas, los edificios y el medio ambiente liberen el calor absorbido durante el día. Sin embargo, cuando las noches se mantienen inusualmente cálidas, ese proceso de recuperación se interrumpe y la cantidad de calor que se disipa es menor. A medida que el calor se intensifica, la presión sobre los sistemas energéticos y de transporte aumenta, la vegetación se seca, el riesgo de incendios forestales se incrementa y los cultivos, las plantas y las especies animales se ven sometidos a un estrés creciente.
Las olas de calor no son el único fenómeno peligroso asociado al calor. En muchas regiones tropicales, la población se ve expuesta a un calor y una humedad persistentes que dan lugar a condiciones peligrosas incluso durante olas de calor relativamente poco intensas. Asimismo, las olas de calor marinas y el aumento de las temperaturas están afectando a los ecosistemas costeros y la pesca, con las consiguientes repercusiones para las comunidades y las economías que dependen de ellos.
El estrés térmico por calor es la tensión que sufre el cuerpo humano cuando las condiciones de calor húmedo o seco superan la capacidad natural del organismo para regular la temperatura. Dicho estrés viene determinado por una combinación de factores, entre los que se incluyen la temperatura, la humedad, la radiación solar y la velocidad del viento.
Si bien las olas de calor y el estrés térmico por calor pueden darse al mismo tiempo, no siempre coinciden. Distinguir entre ambos peligros ayuda, por tanto, a mejorar los servicios de monitoreo, predicción y alerta, así como la evaluación de sus impactos.
Monitoreo y predicción
El monitoreo del calor extremo se basa en observaciones recopiladas a través de sistemas mundiales de observación, entre ellos estaciones meteorológicas en superficie, satélites, buques y aeronaves, que proporcionan información sobre la temperatura y otras condiciones ambientales en todo el mundo.
Los Servicios Meteorológicos e Hidrológicos Nacionales (SMHN) utilizan estas observaciones para hacer un seguimiento de las temperaturas en tiempo real y comprender cómo evolucionan a lo largo del tiempo los episodios de calor extremo y las características del clima. En algunos casos, las observaciones se combinan en modelos numéricos del tiempo y el clima para generar conjuntos de datos climáticos denominados "reanálisis", que ayudan a subsanar las lagunas de observación y a mejorar nuestro conocimiento de las condiciones de calor en distintas regiones.
La temperatura por sí sola no siempre refleja la sensación térmica que experimenta el cuerpo humano en condiciones de calor. Tanto la humedad elevada como el calor seco en condiciones de viento reducen la eficacia de la sudoración, que es el principal mecanismo de enfriamiento del cuerpo. Por este motivo, los científicos utilizan diversos índices térmicos que combinan la temperatura con factores como la humedad, la radiación solar y la velocidad del viento, a fin de evaluar mejor el estrés térmico por calor y los riesgos que plantea para la salud.
Las predicciones meteorológicas permiten emitir avisos con antelación sobre episodios de calor extremo, mientras que las perspectivas de evolución estacional y subestacional ayudan a identificar tendencias asociadas a una mayor probabilidad de que las temperaturas se sitúen por encima de la media. Estas predicciones respaldan las labores de preparación y la toma de decisiones en diversos sectores, entre ellos el de la salud, el agrícola, el energético, el de la gestión de los recursos hídricos y el de los servicios de emergencia.
Impacto
Las enfermedades relacionadas con el calor van desde los calambres por calor, que son relativamente leves, hasta consecuencias más peligrosas, como los desmayos y los golpes de calor, que pueden resultar mortales. El calor extremo también puede agravar problemas cardiovasculares, respiratorios, cerebrovasculares, renales y de salud mental ya existentes. La exposición al calor puede repercutir negativamente en el sueño, la concentración, el tiempo de reacción y la productividad, mientras que los períodos prolongados de calor pueden contribuir a la irritabilidad, la depresión y las dificultades cognitivas.
Algunos grupos de población son especialmente vulnerables, como las personas de edad avanzada, los bebés y los niños, las mujeres embarazadas, las personas con enfermedades preexistentes, las personas con discapacidad, las personas en tratamiento con determinados medicamentos, los trabajadores al aire libre y quienes trabajan en entornos con temperaturas elevadas, las personas socialmente aisladas, las personas sin hogar y quienes viven en viviendas insuficientemente adaptadas al calor.
La mortalidad relacionada con el calor sigue estando ampliamente infranotificada, por lo que es difícil determinar la magnitud total de sus impactos. No obstante, diversos estudios indican que los efectos del calor extremo sobre la salud son cada vez mayores. Según el informe de Lancet Countdown publicado en 2023, la mortalidad mundial relacionada con el calor pasó de una cifra estimada de 335 000 muertes anuales en el período 1990-1999 a 546 000 muertes anuales en el período 2012-2021, lo que representa un aumento de más del 60 %.
Los impactos del calor extremo van más allá de la salud. En 2023, el estrés térmico contribuyó a una pérdida de productividad laboral estimada en 835 000 millones de dólares de los Estados Unidos a escala mundial. Los trabajadores al aire libre son especialmente vulnerables, ya que el calor puede mermar la capacidad de juicio, la concentración, la coordinación y el rendimiento físico, lo que aumenta el riesgo de accidentes.
El calor extremo también puede exacerbar otros peligros. Las olas de calor interactúan a menudo con episodios de sequía, incendios forestales, humo, contaminación atmosférica y crecidas repentinas, lo que agrava los riesgos. En diversos estudios se ha constatado que la mortalidad asociada a las olas de calor, especialmente entre las personas de edad avanzada, puede ser mayor cuando se registran niveles elevados de ozono y de partículas finas en suspensión.
Las zonas urbanas se enfrentan a una mayor exposición al calor. Los edificios, las carreteras y otras infraestructuras absorben y retienen el calor, lo que da lugar a un fenómeno conocido como "efecto de isla de calor urbana", que puede provocar un aumento considerable de las temperaturas en comparación con las zonas circundantes no urbanizadas. La insuficiencia de espacios verdes, la presencia de superficies que absorben el calor —como carreteras y edificios— y la reducción de la circulación del aire pueden amplificar este efecto. Como resultado, los residentes de las zonas urbanas pueden experimentar temperaturas diurnas más elevadas y noches más cálidas, con el consiguiente aumento de los riesgos para su salud tanto en exteriores como en interiores, en particular en edificios que carecen de sistemas de refrigeración o ventilación adecuados.
A medida que el clima sigue calentándose, se prevé que cada vez más personas en todo el mundo se vean expuestas al calor extremo, y que los impactos más graves afecten en mayor medida a quienes disponen de menos recursos y tienen menor capacidad de adaptación.
Respuesta de la OMM
La OMM es una de las diez entidades especializadas de las Naciones Unidas que apoyan el Llamamiento del Secretario General a la Acción contra el Calor Extremo. Esta iniciativa tiene por objeto reforzar la cooperación internacional y reducir los impactos del calor mediante el avance de los conocimientos científicos, la mejora de los sistemas de alerta temprana, la sensibilización pública y la adopción de medidas coordinadas.
En el marco de la iniciativa Alertas Tempranas para Todos, la OMM y sus Miembros trabajan para garantizar que las personas en situación de riesgo reciban alertas oportunas e información sobre las medidas de protección antes de que se produzcan condiciones de calor peligrosas.
La OMM y la Organización Mundial de la Salud (OMS) han elaborado conjuntamente orientaciones sobre el calor extremo y los sistemas de alerta temprana relacionados con el calor y la salud. Esos sistemas y herramientas respaldan los planes de acción contra el calor y refuerzan los marcos para la gobernanza del calor extremo, con el fin de ayudar a los Gobiernos, las autoridades sanitarias y las comunidades a prepararse para los episodios de calor extremo y responder a ellos. A través del Programa Conjunto de la OMS y la OMM sobre el Clima y la Salud, ambas organizaciones trabajan para que la información climática, meteorológica y medioambiental sea accesible, oportuna y de utilidad práctica para la adopción de decisiones en materia de salud pública.
La OMM también es uno de los copatrocinadores de la Red Mundial de Información sobre el Calor y sus Riegos para la Salud, que promueve el establecimiento de alianzas, el intercambio de conocimientos y la colaboración para impulsar y ampliar soluciones que protejan a las personas del calor extremo y fortalezcan la resiliencia en un mundo cada vez más cálido.