Las interrelaciones entre calidad del aire y clima, al descubierto en un boletín de la Organización Meteorológica Mundial
Según un nuevo informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), en el que se analizan las complejas interrelaciones entre calidad del aire y clima, el aumento de la contaminación provocada por los incendios forestales y las olas de calor amenaza con socavar las iniciativas internacionales encaminadas a mejorar la calidad del aire y proteger la salud de personas y ecosistemas.
En la publicación de la OMM se pone de relieve la necesidad de mejorar las observaciones atmosféricas de los contaminantes del aire (como las partículas finas en suspensión y el ozono troposférico) y de los aerosoles (como el carbono negro y los microplásticos). El monitoreo de esas sustancias sigue siendo insuficiente, a pesar de su amplia distribución y sus posibles efectos nocivos en los ecosistemas. Asimismo, se subraya la importancia de aplicar políticas complementarias y coordinadas en materia de calidad del aire y clima, dado que ambas cuestiones no pueden abordarse por separado.
El Boletín de la OMM sobre la Calidad del Aire y el Clima se publica cada año para arrojar luz sobre los efectos negativos que los aerosoles, en especial las partículas en suspensión, y el ozono troposférico pueden tener para la salud de las personas.
El informe, que incluye una serie de artículos redactados por científicos para asesorar a la OMM sobre la calidad del aire, se publicó con ocasión del Día Internacional del Aire Limpio por un cielo azul, que se celebra el 7 de septiembre. El boletín se basa en datos e información de la red de la Vigilancia de la Atmósfera Global (VAG) de la OMM, que encarna la filosofía de ciencia aplicada a los servicios en favor del bien común.
Constataciones principales
Las partículas en suspensión PM2,5 están compuestas por partículas microscópicas y gotículas de menos de 2,5 micrómetros de diámetro. Su tamaño pone en riesgo la salud, porque esas partículas pueden penetrar profundamente en los pulmones y llegar al torrente sanguíneo. Su origen es muy heterogéneo: actividades industriales y agrícolas, sistemas de calefacción residencial y medios transporte, sin olvidar los incendios forestales y las tormentas de polvo.
En consonancia con las tendencias observadas en los últimos años, en 2025 las concentraciones de PM2,5 superaron la media a largo plazo en la zona septentrional del Canadá, parte de la Federación de Rusia y África central y occidental a causa de la intensificación de los incendios forestales. El noroeste de España también fue un punto crítico de emisión debido a los excepcionales incendios que se declararon a finales del verano de 2025.
En América del Sur, la superficie quemada en la Amazonia en 2025 fue relativamente menor que en años anteriores.
En 2025, las concentraciones de PM2,5 se mantuvieron por debajo de la media a largo plazo en China, lo que evidencia una disminución de las emisiones fruto de la actividad humana. En cambio, en la India las concentraciones siguieron siendo superiores a la media a causa de la quema de biomasa y la presencia de otros tipos de contaminación, según los datos presentados en el boletín, que por primera vez se obtuvieron de modelos de cuatro fuentes diferentes. A pesar de las diferencias entre los diversos modelos y los datos de entrada, los resultados son comparables y, en su mayor parte, congruentes, lo que indica una sólida comprensión de los procesos atmosféricos.
Emisiones de incendios forestales
Los incendios forestales extremos van al alza, y ello entraña graves consecuencias para la salud debido a la elevada toxicidad del humo. Si bien las reglamentaciones aprobadas en Europa y América del Norte han logrado reducir las emisiones de PM2,5 debidas a procesos industriales y al transporte, la exposición a las PM2,5 relacionadas con los incendios ha aumentado.
Tal y como se apunta en un estudio citado en el boletín, los episodios extremos de humo procedente de incendios se han triplicado en todo el mundo desde la década de 1990, lo que, según las estimaciones, ha contribuido a que se produzcan casi 100 000 muertes adicionales al año entre 2010 y 2018, aunque es probable que el impacto real haya sido aún mayor.
A menudo, las evaluaciones actuales de los riesgos asociados a la calidad del aire no consideran debidamente la mayor toxicidad del humo de los incendios forestales. Un estudio epidemiológico mostró que los modelos convencionales de evaluación de riesgos basados en las concentraciones totales de PM2,5 pueden subestimar la mortalidad atribuible a incendios forestales en hasta un 93 %. Ello pone de relieve que estos modelos deben tener en cuenta la mayor toxicidad de las partículas generadas por incendios.
El cumplimiento de las directrices de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre la calidad del aire será cada vez más difícil, dado que, según las previsiones, en el futuro aumentarán las condiciones meteorológicas que propician la ocurrencia de incendios extremos, según se explica en el boletín.
Olas de calor y ozono
La contaminación por ozono troposférico afecta a la salud de las personas, la agricultura y los ecosistemas, y es un problema creciente debido a las olas de calor. La exposición prolongada a la contaminación por ozono se asocia a una mayor mortalidad, principalmente por enfermedades respiratorias.
El aumento de las temperaturas, la estabilidad atmosférica y la intensa radiación solar favorecen la formación de ozono en superficie, según evidencian estudios recientes realizados durante las olas de calor que afectaron al sureste de los Estados Unidos, Europa y China. Esta mayor exposición a la contaminación por ozono podría provocar decenas de miles de muertes prematuras adicionales.
Tal y como se indica en el boletín, de cara al futuro se prevé que los riesgos para la salud relacionados con el ozono se agraven.
Aerosoles
Las partículas de aerosoles pueden recorrer grandes distancias desde sus fuentes, atravesando océanos y continentes, y pueden alterar la forma en que la atmósfera refleja la luz del sol. También pueden modificar las propiedades químicas de la superficie terrestre y las masas de agua, llegando a contaminar entornos que, de otro modo, estarían limpios.
La deposición de carbono negro (u hollín) sobre la nieve y el hielo es un buen ejemplo de ello: este proceso reduce la cantidad de luz solar reflejada por esas superficies y, al mismo tiempo, puede acelerar el proceso de fusión.
Otro ejemplo son los microplásticos, que se forman cuando la luz solar y otros factores descomponen los plásticos. Son omnipresentes: se encuentran en la atmósfera, en la tierra y en el océano. Según una simulación realizada con un modelo del sistema Tierra, se estima que en la superficie terrestre se acumulan 51 millones de toneladas de microplásticos, y 22 millones de toneladas en el océano. Además, son a su vez una fuente de microplásticos para la atmósfera. Sin embargo, las estimaciones varían considerablemente porque no se efectúa un monitoreo permanente.
En el boletín se señala que, en un contexto de incremento de la producción de plástico y, aún más importante, en vista de que volúmenes crecientes de residuos plásticos se gestionan de forma deficiente, monitorear los mecanismos atmosféricos de deposición en entornos remotos será esencial para poder comprender los impactos globales de los microplásticos en el sistema Tierra.